Críticas

Amor de vinilo (2018)

DE PADRES, ÍDOLOS Y ADULADORES

Por Sergio Ariel Montanari


Como  suele suceder, este título español es bastante desafortunado y no  refleja en absoluto la trama de la película. Si bien el original  “Julieta desnuda” es una metáfora y tampoco devela demasiado, en inglés  prefirieron conservarlo en función del título de la novela de Nick  Hornby, un autor contemporáneo con toda la sutileza del mejor humor  anglosajón, quien ya fue llevado al cine (Alta fidelidad, Stephen  Frears, 2000). A quienes gustan de los discursos con densidad, la  película les agradará de principio a fin. 


El  título original hace alusión a una canción que una estrella de rock de  los 90 hubo compuesto para un álbum que en los hechos “quedó en el  olvido”. El “naked” o desnudo también se refiere al disco que quedó sin  editarse, al que la faltan elementos de producción (como puede pasarle a  una vida misma). Se vislumbra además otro juego de connotación respecto  de la protagonista del film, Annie, encarnada con solvencia por la  australiana Rose Byrne; ella comienza siendo una mujer agobiada por un  esposo crítico musical y termina en el centro de la escena cuando decide  opinar en contrario sobre lo que “en teoría” él domina: la calidad de  un disco. Entonces aparece la base del triángulo donde dos actores  solventes jugarán su destino. El esposo, Duncan (Christopher O'Dowd,  notable comediante irlandés)  y el músico en cuestión, Tucker Crowe,  (nuestro conocido Ethan Hawke) como el famoso retirado y admirado por  aquél y, a priori, denostado por su pareja en un primer contrapunto.


El  tema de las redes sociales está bien utilizado aquí ya que es el eje  para que se comuniquen aquellos que supuestamente no tenían relación  alguna: Annie y el músico, en un intercambio donde ambos coinciden en  que el último disco es olvidable. Desde allí, nada será igual y la  música sólo quedará como telón de fondo en el resto de la trama —aunque  la banda de sonido de la película es excelsa; dato: su director, Jesse  Peretz es, además, músico—.  


Vendrá  el momento en que Tucker y Annie se conozcan y la interesante vuelta de  tuerca que todo buen filme necesita: el vínculo entre ellos,  obstaculizado por la irregular vida del músico, quien ha tenido tantas  relaciones frustradas como hijos, todos los cuales tendrán algo que  reclamarle. Al presente del relato, con Trucker a cargo de su hijo  menor, se plantea el núcleo más intenso de la película; ya que muestra  la dificultad, paralela al esfuerzo denodado, por asumir una paternidad  que reivindique de una vez su extensa vida de desaciertos. Este papel  doblemente denso de insolvente y esforzado le sienta bien a Ethan Hawke  quien asume sus roles de tipo errático con naturalidad, y genera empatía  con el espectador. 


Párrafo  aparte y merecido para los guionistas, entre los que se destaca Jim  Taylor (ganador del Oscar por “Entre copas”) quienes se basaron en un  texto que sin dudas los impulsó, pero que trabajan los diálogos con  agilidad y sutileza; con ello, logran un tránsito ameno por un argumento  polifacético y mejoran la dinámica de la película.


Ficha:

Título original: Juliet, Naked

Año: 2018

País: Estados Unidos, Reino Unido

Dirección: Jesse Peretz 

Guión: Tamara Jenkins, Jim Taylor, Phil Alden Robinson

Música: Nathan Larson

Fotografía: Remi Adefarasin

Basada en: Juliet, Naked de Nick Hornby

Reparto: Rose Byrne, Ethan Hawke, Chris O'Dowd, Megan Dodds

Género: Comedia dramática

Duración: 97 min.

Idioma: inglés

A Star Is Born (2018)

OTRA MIRADA VÁLIDA AL ASCENSO DEL ARTISTA

Por Sergio Ariel Montanari


Con  esta cuarta versión de la historia clásica de “Nace una estrella”,  debemos tener el cuidado de no juzgarla a la luz de la rutilante  película de 1976 protagonizada por Barbra Streissand y Kris  Kristofferson.


Y  realmente el film dirigido por Bradley Cooper, y protagonizado por él  mismo junto a Lady Gaga, da en la tecla con la idea de despegarse lo  suficiente de aquella que tan buenos recuerdos trae a los cinéfilos,  sobre todo por la espléndida tarea de Streissand, actuando, cantando (en  la época en que se permitía un buen rock and roll) y abriéndose camino  definitivo en la historia del cine. Tampoco se escuchará acá “Evergreen”  aquella balada de Paul Williams que nos estremecía en cada emisión.


No  obstante, este filme tiene sus valores basados justamente en el perfil  de singularidad que logró Cooper al trabajar una historia en base a las  herramientas que tenía que no son pocas: una carrera importante como  actor, buenos directores, conocimientos musicales —imprescindibles para  esta historia— y el talento creativo de Lady Gaga, quien da la talla  como actriz y aporta sus propias canciones. A propósito, “Shallow”, el  tema central, está destinado a ser otro éxito, por la densidad lírica y  musical que aporta, y esto es mérito exclusivo de la artista.


Más  allá de que la historia se ha transformado, conforme la idea de Cooper  de romper el antiguo contrapunto “estrella que se apaga versus estrella  que asciende”, se mantiene la idea de la música como arte que atrae las  mejores emociones. Y permanece la potente historia de amor que se juega  en la trama. También muestra el ríspido camino del artista, acuciando  por la sempiterna ambición del negocio que todo lo fagocita; y también  la lucha por preservar la vida privada, que en una pareja como la que se  postula, sigue siendo titánica.


Nos  parece un acierto que en esta mirada de la historia, el músico ya  consagrado no tenga envidia de la mujer que lo seduce y lo acompaña,  cuya fama va en ascenso conforme la promesa del título. En ese hueco de  connotación encuentra esta película su mejor tributo al amor: en  definitiva, ellos se quieren como son, no le piden permiso ni disculpas a  nadie por preservar su compleja relación, ponen su cariño a resguardo  del marketing y juegan toda su alma a la felicidad compartida.


Claro  que la decadencia del protagonista será personal —se conserva del guión  original la dificultad de superar sus adicciones—, pero ésta irá  acompañada por la mirada siempre cálida de su mujer, quien sabe  reconocer a la persona que le dio el espacio, la sostuvo y la hizo  crecer, asumiendo las mutuas contradicciones.

Hay  ciertas vueltas de la historia quizá innecesarias, que uno debe aceptar  en pos de la remanida idea de contar con redundancia algunas  vicisitudes que ya fueron sugeridas en modo suficiente; esto enlentece  algo el desenlace, cuya previsibilidad no le resta dramatismo. Allí  reaparece la espléndida voz de Lady Gaga para apelar a las emociones, si  uno aceptó ya la verosimilitud de la historia.


En  definitiva, una película válida teniendo en cuenta las inevitables  comparaciones con sus realizaciones previas, basada en la búsqueda de  emoción en la intensidad de los momentos compartidos que, en definitiva,  son los que nos mejoran la vida.


Ficha:

Título original: A Star Is Born

Año: 2018

País: Estados Unidos

Dirección: Bradley Cooper 

Guión: Bradley Cooper, Will Fetters, Eric Roth

Reparto: Lady Gaga, Bradley Cooper, Sam Elliott

Género: Drama

Duración: 136 min.

Idioma: inglés

Lucky (2017)

EL ADIÓS A UNO DE LOS GRANDES

Por Sergio Ariel Montanari


Los  que amamos el arte no hacemos otra cosa que ir en permanente búsqueda  de la emoción. Por ende, permítanos el distinguido lector hablar de la  despedida de un señor actor, antes que de la película que lo tuvo como  postrer protagonista. Harry Dean Stanton murió a los 91 años, tan solo a  6 meses de haber terminado de rodar este film.


Todos  lo recordamos caminando por el desierto en la maravillosa París-Texas  (Win Wenders, 1984) y, en esta ocasión, Stanton vuelve a calzarse el  sombrero y a caminar por el desierto texano, y a mirar con extrañeza los  imponentes cardones en un claro homenaje a su mejor rol.  Vuelve a  denotarse frágil y perdido, por momentos, tanto como seguro y  convincente, por otros; con la calidad de los actores de fuste. 


Este  primer filme del destacado actor John Carroll Lynch (Fargo, 1996) no  hace otra cosa que ponerse al servicio de homenajear a uno de esos  hombres que asumió para siempre el apelativo de mito. Stanton, en  verdad, sirvió a la Armada de los Estados Unidos en la guerra del  Pacífico, tal como lo recrea el anciano que protagoniza la película;  pero además cuenta muchas de sus propias anécdotas personales, lo cual  los guionistas asumieron con acierto, ya que su vida fue tan rica como  inabarcable.


Aquí el  ámbito parece limitarse a un par de bares de pueblo, donde conviven la  tradición del desierto texano con los migrantes mexicanos hablando su  español natural; no obstante, luce nítida la vieja idea de contar la  aldea para reflejar los vaivenes del universo. Porque la película, que  sigue la “monótona” vida de un anciano solo, encarna sin eufemismos las  preguntas esenciales de la existencia y se vuelve profunda sin apelar a  artificios o golpes de efecto. 


Harry Dean  Stanton trabajó mucho en el cine independiente y en la televisión, pero  también fue un actor secundario de grandes producciones de Hollywood. De  esos tipos que hacen brillar la mínima secuencia que les toca con su  solvencia actoral. Fue hombre de consulta de otros “nenes” de la escena  como Marlon Brando y Jack Nicholson. Y amigo de Francis Ford Coppola,  quien lo incluyó en El Padrino II.


Y  uno de los actores preferidos de David Lynch, quien lo incluyó en 6 de  sus películas. Aquí, con acertado criterio lúdico, el director convoca  al mismísimo David Lynch para que actúe como amigo de la barra del bar,  cerrando un círculo de homenajes al buen cine, a los grandes actores y a  la mística de la amistad. Párrafo aparte para el monólogo de Lynch  cuando cuenta que se ha perdido su tortuga: una perla más del cuidado  guión.

Harry Dean Stanton, en su formación  artística, nunca dejó de hacer música; de hecho, tuvo una banda de jazz y  conocía con naturalidad el folklore del desierto texano, allí donde se  mezclan Bob Dylan y los lamentos del valsecito mexicano. Y la película  aprovecha sus talentos y allí aparece “Lucky” tocando la armónica o  cantando con afinado sentimiento.


Entonces el  homenaje al actor inconmensurable, al hombre que dio cátedras de escena  en cada secuencia de su vida, se dimensiona completo.

Digamos  que la película también vale la pena y mucho. Digamos que Stanton se  despidió como se merecen los grandes: con otra actuación desbordante de  talento. Los buscadores de emociones decimos gracias.


Ficha:

Título original: Lucky 

Año: 2017

País: Estados Unidos

Dirección: John Carroll Lynch 

Guión: Logan Sparks, Drago Sumonja

Música: Elvis Kuehn

Fotografía: Tim Suhrstedt

Reparto: Harry  Dean Stanton, Ed Begley Jr., Beth Grant, James Darren, Barry Shabaka  Henley, Yvonne Huff, David Lynch, Hugo Armstrong, Bertila Damas, Ron  Livingston, Ana Mercedes, Sarah Cook, Amy Claire, Ulysses Olmedo, Mikey  Kampmann, Otti Feder, Mouse, Pam Sparks, Tom Skerritt 

Género: Drama

Duración: 88 min.

Idioma: inglés

The party (2017)

LA TRAGEDIA EN BUENAS MANOS

Por Sergio Ariel Montanari


Hacía  tiempo que no teníamos entre nosotros una joya del mejor cine inglés. Y  volvemos a disfrutar del cine descarnado y potente de Sally Potter (La  lección de tango, Astor de Oro, Mar del Plata/97) quien tiene muy claro,  siempre, los avatares del guión como para filmar una trama redonda de  principio a fin.


Digamos, ante todo, que  presentar esta obra como una comedia es inadecuado, ya que es claramente  un drama, con los toques de humor tan clásicos del semblante inglés.

Aquí  la anécdota es la reunión de 7 amigos para celebrar que a “la mejor y  más constante” de todos ellos la han designado ministra de Salud de la  nación (la talentosa Kristin Scot Thomas). En realidad, será la ministra  “en las sombras”, ya que ha sido designada por el partido de la  oposición, en un sistema de contralor propio de Gran Bretaña. Se dará  por sentado, en las posturas, que gobierna el conservadurismo y este  grupo es progresista. En Inglaterra, como país señero, estipulante de  reglas, los cargos suelen responder a una cierta meritocracia; por ende,  eso se celebra. De ahí, “The party”, o la fiesta, título cargado de  ironía.


La  celebración será, como uno deduce desde la impactante primera escena, un  dechado de tribulaciones, no exenta de locura y violencia. Y se  desarrollará con notable encuadre histórico de las problemáticas de la  vida contemporánea.

Aquí  debemos destacar el tono de la película: hay una apuesta estética de  Potter que ilumina la obra con decisión: es un film de ideas; la gente  debate a fondo sobre política, salud, vida íntima y juega sus pasiones  sin red — subyace una cierta reminiscencia del mejor Woody Allen— y los  planos son cortos, cercanos a la postura y al rictus teatral. Y está  filmada en blanco y negro. Todos estos detalles, que a nosotros en  particular nos cautivan, puede que a alguna gente, más inclinada al cine  de acción, o de connotaciones de rápida digestión le moleste.


Es  un cine intelectual, vamos a decirlo abiertamente, de ambiente cerrado,  pero que sabe utilizar las herramientas visuales para ir dando pulso  firme al tormentoso devenir que envuelve a los personajes. Sin  concesiones y sin pausa. Con el in crescendo propio de los mejores  dramas de la vigorosa literatura inglesa.

Los  actores, todos probados, aportan su impecable clase: una vez más  disfrutamos de la gestualidad desaforada de Timothy Spall (El discurso  del rey, 2010); la densidad de tono de Bruno Ganz (La caída, 2014) y la  locuacidad mordaz de Patricia Clarkson (Que la cosa funcione, 2009),  notable en este film. Y estamos ante la versátil Emily Mortimer (La  librería, 2017; comentada en este mismo sitio) que esta vez nos asombra  en un rol de duda y fragilidad que la hace brillar, una vez más.  No  menos interesante es el rol de Cilian Murphy (El espantapájaros, de la  saga de Batman), un hombre atormentado por su adicción a las drogas, que  carga tensión al relato.


Finalmente,  se agradece la música de una melómana curiosa como la señora Potter,  capaz de unir en una misma película el saxo descarnado de John Coltrane  con el tango rítmico de nuestro amado Osvaldo Pugliese.


Ficha:

Título: The party

Dirección: Sally Potter

Guión: Sally Potter

Producción: Kurban Kassam; Christopher Sheppar

Protagonistas: Patricia Clarkson; Bruno Ganz; Cherry Jones; Emily Mortimer; Cillian Murphy; Kristin Scott Thomas; Timothy Spall

País: Reino Unido

Año: 2017

Estreno: 13 October 2017 (UK)

Género: Drama, comedia

Duración: 71 minutos

Clasificación PG-16  

Idioma original: Inglés

La quietud (2018)

LA DIFICULTAD DE FILMAR LOS SILENCIOS

Por Sergio Ariel Montanari


Fuimos al cine con expectativa superior a la media, a qué negarlo, ya que siempre nos impactó la cinematografía de Pablo Trapero (Leonera, 2009) (Carancho, 2011) (El Clan, 2016). El orden anterior no sólo es cronológico sino meritorio, a juicio de este cronista.


“La quietud” se propuso abordar una temática diferente a la zona de confort del director, lo cual es plausible de por sí, como hecho artístico. Se toman riesgos.

Aquí hay una tipología de gente de clase acomodada, terratenientes, los cuales no protagonizaron las anteriores películas del autor y hay además una intención de mostrar en forma desaforada algunos matices de la intimidad de esa clase: la mentira, la traición, el ocultamiento. Y aquí Trapero, que es un buen cultor de cine clásico, aborda su tarea más compleja: filmar los silencios. Claro que hay ejemplos, múltiples, en el cine de historias que se cuentan por retazos, por gestos, por lo no dicho tras lo manifestado. Algunos maestros: Bergman, el máximo, y también Roman Polanski o Krzysztof Kieslowski. El dilema es, entonces, cómo se diseña el dispositivo narrativo de modo que los vacíos de connotación vayan delineando la historia.


Sin dudas que el guión debió haber estado trabajado y repasado de modo exhaustivo, porque éste fue el desafío mayor. Y Trapero sale airoso, delineando una historia familiar con tres personajes fuertes, todas mujeres. El rol de Graciela Borges, mítica y convincente, como la madre, es el primero que se va delineando ante el público y quizás el único que a priori parece definirse como “la mala”, aunque habrá un momento que esto se ponga en duda. Las hermanas, en cambio, juegan sus pasiones y rebeldías con mayor habilidad. Justamente ese ocultamiento hará resbaladizo el terreno y generará en el público la sensación de incomodidad. Difícil identificarse con quienes ocultan. Entonces se puede leer el doble fondo: hacer incomprensible al espectador quién juega sinceramente, como en una mesa de póker, y por otro lado ir desarrollando la historia. Algunos planos largos del campo parecen redundar. Luce, como ya es costumbre, Martina Gusmán en el rol de hermana menor y relatora de la historia. Se adapta Berenice Bejó (The artist, 2011, nominada al Oscar), como hermano mayor, una argentina muy europea, capaz  de hablar claro en español pese a su residencia en Francia desde niña. Sale airoso también Joaquín Furriel en un rol poco habitual en él. No nos resultó convincente el trabajo del venezolano Edgar Ramírez, llamado a cumplir un rol central en la relación de las dos hermanas. 


Trapero pone toda la carne al asador, desde el magnífico plano secuencia del inicio, pasando por el sexo explícito a planos abiertos y las tremendas discusiones acaloradas que van quebrantando la paradójica “quietud” de la mansión campestre. 


Párrafo aparte para la voz admirable de Aretha Franklin en su desgarradora “People”, tan expresiva para el meollo de la película.


Es discutible el final, donde parece haber: por un lado la necesidad de contar algún aspecto esperanzador en medio de tanto disgusto y desolación; por otro, una postura política del director, lo cual de por sí no es criticable. No obstante, si la película cerraba en la escena anterior, nada hubiera sido reprochable. En suma, un filme incómodo, pero con ambiciones, lo cual es bienvenido en medio de tanta mediocridad y facilismo circundante.


Título: La quietud

Dirección: Pablo Trapero

Guión: Pablo Trapero, Alberto Rojas Apel

Producción: Mélita Toscan du Plantier, Axel Kuschevatzky, Pablo Trapero

Montaje: Alejandro Brodersohn, Pablo Trapero

Diseño de producción: Luz Tarantini

Protagonistas: Bérénice Bejo, Martina Gusman, Graciela Borges, Edgar Ramírez, Joaquín Furriel, Isidoro Tolkachir

País: Argentina

Año: 2018

Estreno: 30 de agosto de 2018

Género: Drama

Duración: 117 minutos

Clasificación PG-16 con reservas 

Idioma original: Castelano