Críticas

Noche de paz

LO VISCERAL EN EL ENTRAMADO FAMILIAR

Reunirse a pasar la Navidad no es tema menor en ninguna familia. Y esto parece repetirse en numerosos lugares del mundo. Por una serie de factores culturales que sería extenso enumerar, la Polonia rural tiene cierta similitud al campo en la Argentina. Quizá un indicio común sea la dificultad de progresar para el trabajador del pueblo, desechado en modo constante por los negociados entre gobiernos y corporaciones. En consecuencia, la necesidad de muchos jóvenes de emigrar para buscar una vida mejor. Aquí “Adam”, el notable Dawid Ogrodnik (Ida, 2013) vuelve a su pueblo desde Holanda, donde piensa retornar para instalar un negocio y tener un futuro adecuado a su hijo que está por nacer. Esto lo sabemos desde el momento inicial ya que el entusiasmo por la vida nueva lo lleva a filmar detalles de su Polonia natal con una camarita de mano —la cual también será protagonista— para un hijo que “algún día lo verá”.


El joven director Piotr Domalewski, es un actor de conservatorio y esto lo apuntala en un elenco elegido a la perfección: la familia deviene de un casting de calidad; todos los roles son creíbles: padre, madre, hermanos, tíos y primos caminan la escena sin fisuras.


El otro mérito de la película es, sin duda, el conocimiento del terreno. El realizador juega de local, sabe qué piensa una familia trabajadora de la Polonia rural; qué sentimientos los unen, en qué creen y cuáles son sus aspiraciones: no es poco para meterse de lleno en el entramado familiar. Esto, como se supone desde el vamos, es un drama de principio a fin, sostenido por el magnífico trabajo de cámara, que filma con el “nervio” que su protagonista conlleva, necesitado de transmitir dos noticias que le queman: la llegada de su hijo, su decisión de emigrar. La película no tiene concesiones y la aspereza que emana surge de la decisión de llegar a lo visceral, cuando se habla de los vínculos familiares. 


Una vez mostrado un primer cuadro del paisaje familiar habrá otros asuntos que discutir: los vínculos entre hermanos requieren de un oxígeno mayor para dialogar; el padre necesita ver algo más que la reivindicación de su propia vida de obrero en Alemania; la madre, que su hijo no se emborracha como su marido y que puede hacer las paces con sus hermanos.


La tragedia familiar se cocina a fuego lento, porque es necesario brindar detalles minuciosos de cómo ve la vida cada uno de ellos. El dolor ocupa un vasto espacio en la gestualidad y en los silencios. El protagonista ingresa a esa mística familiar conociendo y renunciando: esta dicotomía trasunta el meollo de la película. 


Domalewski filma sin imponer su ideología, trabaja para que todos sepamos de su tierra y encontremos los indicios que nos ayuden a comprender esa tragedia. Que como toda historia bien contada, podría incluir nuestras propias vivencias.

 

Título original: Cicha Noc

Dirección: Piotr Domalewski

Guión: Piotr Domalewski, Artur Gortatowski, Katarzyna Janicka, Michal Stalinski (Historia: Helena Szoda-Wozniak)

Música: Waclaw Zimpel, Krzysztof Dys

Fotografía: Piotr Sobocinski Jr., Leszek Starzynski

Protagonistas: Dawid Ogrodnik, Tomasz Zietek, Agnieszka Suchora, Arkadiusz Jakubik, Maria Debska, Tomasz Schuchardt, Pawel Nowisz, Elzbieta Kepinska, Jowita Budnik, Mateusz Wieclawek, Artur Steranko 

País: Polonia

Año: 2017

Género: Drama, comedia dramática 

Duración: 100 minutos

Idioma: polaco

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Infiltrado del KKKlan

CINE DE DENUNCIA A LA YUGULAR DEL ESTABLISHMENT

En una nueva apuesta por la denuncia contra la segregación racial, Spike Lee (Malcom X, 1992) trabaja un cine directo, con un lenguaje claro y dirigido a la yugular.

La película no desdeña recursos para darle argumentos al mensaje, por lo cual habrá una crítica descarnada al mensaje audiovisual tradicional que sustenta Hollywood, a todas las películas donde los negros son tratados como raza inferior, desde El nacimiento de una nación (D.W. Grififth, 1915) pasando por Tarzán y llegando a la actual televisión de los Estados Unidos. 


Por eso no es extraño el inicio donde un notable Alec Baldwin hace un discurso xenófobo propio de los agitadores del conservadurismo actual. Baldwin tuvo una notable repercusión al imitar al actual presidente Donad Trump en el famoso programa de TV “Saturday Night Live” (CNN) desde la campaña, y el presidente en persona lo criticó abiertamente por twiter, acusándolo de mediocre y de que su parodia “apestaba”. Lee que es un intelectual atento a la política no desperdició esta polémica.


La determinación del director de que la película tenga clara inserción en la historia política actual no da margen a errores: esto es cine político de principio a fin.

La trama cuenta un hecho real del que se tuvo conocimiento hace poco más de cuatro años, pero que ocurrió a fines de la década del 70 en Colorado Springs, Estados Unidos. Un grupo de policías audaces logran infiltrarse en la organización del Ku Klux Klan, en un plan trabajado desde abajo —la idea surge de ellos mismos— por un policía negro cuya fluidez en el manejo del idioma le permite “hablar como un blanco educado y racista”. Para ser representado en las reuniones, echa mano a un compañero de la fuerza que, no por casualidad, es judío y tiene el aspecto de blanco tan necesario a esta operación. Es decir que aquí hay una identidad sustentada de manera doble por un hombre hábil que maneja los teléfonos y otro arriesgado que toma contacto con el enemigo. Los papeles centrales, entonces, se “invierten” por decirlo así, ya que el cine de Hollywood siempre mostraba al blanco poniendo el cerebro y la estrategia, acompañado por el negro quien protagonizaba las acciones de riesgo —hoy día sigue habiendo series con este formato—. 


Hay una buena aparición de John David Washington (hijo de Denzel, y cabal heredero de su simpatía) en el rol central, bien secundado por el versátil Adam Driver (el “malo” Kylo Ren de Star Wars, Episodio 7 en adelante), quien ya había destacado en Patterson (Jarmusch, 2016) haciendo de colectivero de pueblo.  También se luce la bella Laura Harrier (Hombre Araña, 2017) en el rol de activista del “Partido Panteras Negras”.


El argumento avanza por carriles conocidos pero no deja de mantener la tensión en la medida de que la historia verdadera, ésa que padecemos a diario, va ganando centralidad en la pantalla, hasta rematar en un final de actualidad y denuncia que expone de forma tajante qué se propone Spike Lee cuando filma. En síntesis, a no guiarse por las calificaciones de ocasión: esto no es comedia, aunque maneje recursos del género, ni comedia dramática. Es cine político de actualidad. Y del bueno.


 

Título original: BlacKkKlansmanaka

Dirección: Spike Lee

Guión: Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz, Charlie Wachtel (Libro: Ron Stallworth)

Música: Terence Blanchard

Fotografía: Chayse Irvin

Montaje: John Ottman

Protagonistas: John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold, Corey Hawkins, Robert John Burke, Paul Walter Hauser, Craig muMs Grant, Michael J. Burg, Chris Banks, Tom Stratford, Jasper Pääkkönen, Ashlie Atkinson, Ken Garito, Alec Baldwin 

País: Estados Unidos

Año: 2018

Género: Drama, comedia 

Duración: 128 minutos

Idioma: Inglés

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Guerra fría (2018)

EL AMOR EN TIEMPOS DIFÍCILES

por Sergio Ariel Montanari


El director polaco Pawel Pawlikowski ya nos había deslumbrado con su magnífica “Ida” (2013) que ganó el Oscar 2015 a la mejor película extranjera en una recordada premiación ya que participaba también la argentina Relatos Salvajes.


En ella, ya estaba al frente de la dirección de Fotografía, Lukasz Zal, quien vale la pena ser mencionado porque trabajar la luz sobre el blanco y negro es un arte en sí mismo y en esta película, Guerra Fría, vuelve a sobresalir.


Pawlikowski filma sin concesiones con la estética que le satisface: una pantalla recortada a lo ancho (ratio 4:3); película blanco y negro; minucioso clima de época, vestuario preciso, música exquisita. Por ende, es un trabajo para quienes buscan algo más que entretenerse en el cine. Prestar atención a las locaciones y conocer un poco de historia son elementos que ayudarán al espectador. No obstante, dista de ser una película difícil, en el sentido que suele ahuyentar a los reacios al cine de estilo, porque su trama central, al cabo, es una desgarradora historia de amor.


El marco de la posguerra será central, ya que Polonia queda de “aquel lado del muro”, formando el conjunto de países bajo la órbita soviética, aquel stalinismo controlador e intolerante. Él (Tomasz Kot), director de orquesta y arreglador musical, la recibe a Ella (Joanna Kulig), postulante a actriz y cantante del “Conservatorio oficial del país”, uno de esos espacios destinados a seleccionar a los mejores artistas para hacer giras internacionales y llevar adelante la clásica muestra “país artístico - ideario político” que tan bien ha caracterizado a los países de detrás de la cortina de hierro en ese período de Guerra Fría, imperante en los años cincuenta y que parecía no tener fin.


Las ambiciones artísticas de él tendrán necesariamente destino de exilio y París, como centro de la cultura universal, lo seducirá de modo inevitable. Ella, más joven y con alguna historia que conjurar, en una gira compartida, donde el amor ya incitaba a tomar los mayores riesgos, se rehúsa a escapar y da inicio a un extenso camino de separaciones, duelos y reencuentros que sólo serán justificadas en el marco de la emoción que suscita la permanente búsqueda del ser amado.


Las idas y vueltas van acumulando densidad porque en ese momento crítico de la historia no era sencillo salir ni volver del exilio, ni tampoco había concesiones para los desertores; mucho menos para los artistas, siempre mirados con recelo por el poder político que desconfía de las estructuras de lealtades, como si los espíritus humanos pudieran vivir bajo el corset de un orden inconsulto instaurado desde el poder.


Lo que parece transmitir la mirada minuciosa del director es esa inexplicable obsesión del amor que obliga a los seres a transitar senderos inconvenientes para reencontrar consuelo a sus corazones. En la intimidad de las miradas, en la entrega de los cuerpos para darle carnadura a sus deseos, en la búsqueda desesperada de la felicidad que parece siempre distante, se halla el meollo de esta joya cinematográfica que logra conmover a la platea con su narrativa pertinaz.  


Título original: Zimna wojna

Dirección: Pawel Pawlikowski

Guión: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki

Fotografía: Lukasz Zal (B&W)

Protagonistas: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar, Adam Woronowicz, Adam Ferency, Adam Szyszkowski

País: Polonia

Año: 2018

Género: Romance, drama, guerra fría

Duración: 88 minutos

Idioma: polaco

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Bohemian Rhapsody (2018)

UN FREDDY MERCURY "CURADO" POR HOLLYWOOD

Por Sergio Ariel Montanari 


Tener a mano una historia tan potente como la del grupo musical Queen implica un desafío para desarrollar un guion acorde a esa magnitud. En esta ocasión, se eligió un camino sinuoso que destaca la figura de Freddy Mercury, líder del grupo, pero derrapa en la intención de mostrarlo compatible con los cánones de las películas cocinadas en las usinas de Hollywood donde todo debe tener "un significado digerible y concreto". Entonces la historia pendula desde la inevitable emoción que genera la maravillosa música de Queen, siempre centrada en la voz inigualable de Mercury, y los extensos devaneos de la vida privada del líder que tanto le gusta transitar a las productoras estadounidenses. El conocido cambio de director en medio del rodaje pudo afectar en algo, pero de todos modos el soporte del libro ya había establecido el patrón de trabajo.


La historia es conocida, está a mano de cualquier fanático y fue contada muchas veces, por el simple hecho de que Queen de verdad rompió los moldes del rock en la décadas del 70/80 y ha sonado de modo único e irrepetible —es un acierto poner pistas originales que hacen vibrar a los amantes del grupo—. Sin duda, al no conseguir los derechos para incluir tomas del grupo en vivo, el trabajo dramático encarado por los actores ha sido de entrenamiento importante. 

Pero como la historia está centrada en la figura de Mercury, lo primero que se nos presenta es ese muchacho Rami Malek con la difícil tarea de encarnarlo; se le parece en algunos aspectos: piel oscura, dentadura supernumeraria, actitud desafiante; y en otros, sobre todo en la gestualidad, queda algo distante. Al trasponer la escena interna del grupo, las discusiones, los chistes, el trabajo cotidiano y pasar al escenario, mejora la performance del actor, justo es reconocerlo, lo cual pudo haber sido el motivo de que se lo eligiera. La objeción cabe más bien sobre el guion que recurre a los mentados formulismos de Hollywood para mostrar, por ejemplo, las crisis personales de una manera consabida por la platea: el líder de rock que naufraga en las drogas y las malas compañías y pierde el control de su vida... para luego arrepentirse, pedir disculpas, reunir a su grupo y volver a triunfar. 

Dudamos de que Mercury en la vida real haya perdido el control de sus actos. Mucho menos que hubiera delegado todo su devenir artístico a un productor inescrupuloso que lo aislaba de sus seres queridos, como aquí se cuenta. Pero allí está, en el regodeo de la fábula tradicional, un estereotipo de "malo" al que todos los espectadores pueden echarle la culpa de los desaciertos del ídolo. También estarán los padres que se disgustan al principio y perdonan al final, la abnegada mujer que fue su primer amor y aún distante lo sigue, lo perdona y, seguramente, lo ama a pesar de que ya consiguió nueva pareja... y tampoco faltará el productor que se equivoca feo y les augura que la banda será "un fracaso". Usted ya vio esa película ¿verdad?


En síntesis, nos queda la música, la genial música de Mercury, de Brian May, de John Deacon y de Roger Taylor que siempre nos ha deleitado y sobrevive al paso del tiempo, como los buenos vinos. Claro que nos emocionamos cuando suena Rapsodia Bohemia en vivo; claro que nos dan ganas de cantar el estribillo de Amor de mi vida o de aplaudir con Nosotros te conmoveremos; pero eso es la música. El cine, con sus herramientas múltiples, la evolución de su peculiar lenguaje, el cine arte que uno busca con avidez... es otra cosa. 


Título original: Bohemian Rhapsody

Dirección: Bryan Singer, Dexter Fletcher

Producción: Graham King, Jim Beach

Guión: Anthony McCarten

Música: John Ottman

Fotografía: Newton Thomas Sigel

Montaje: John Ottman

Protagonistas: Rami Malek, Gwilym Lee, Ben Hardy, Joseph Mazzello, Allen Leech, Lucy Boynton

País: Reino Unido, Estados Unidos

Año: 2018

Estreno: 24 de octubre de 2018 (Reino Unido)

Género: Biográfica, drama

Duración: 134 minutos

Idioma: Inglés

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Rojo (2018)

EL IMPECABLE RETRATO DE UN PASADO QUE AÚN INTERPELA

Por Sergio Ariel Montanari


Desde el inicio asistimos a un director que no filma de manera convencional. La película tiene una capacidad narrativa digna de un guionista experto. En la primera escena, a cámara fija, gente que sale de una casa muda con algunos objetos que, sin duda, son saqueados. Luego el corte que da paso a los títulos y sobrevendrá un episodio de máxima tensión en el “comedor” de un pueblo de provincia argentino, 1975, (en aquel momento y en los pueblos no se llamaban restaurante, y menos restó). Allí deviene un contrapunto actoral notable entre Darío Grandinetti y Diego Cremonesi —en un rol relativamente breve e impecable—, quienes exacerban la crisis desatada; el director nos advierte que está decidido a ir hasta el hueso. Bienvenido sea.


Rojo es una película nacional que aborda el tema de las vísperas de la dictadura, haciendo hincapié en el claro circuito de complicidades cívico – militar que irán debilitando a las instituciones democráticas hasta derrocarlas en el golpe de marzo del 76. Desde un pueblo, y a la manera clásica de escasos protagonistas que no eluden la identificación con personajes que todos conocemos, se va desarrollando ese claro entramado impulsado y custodiado con celo por las clases dominantes, claro, que proponen, alientan y definen los conflictos sociales, tapando sus miserias y conservando “la imagen” siempre en beneficio propio. El ya triste y famoso “queremos vivir en paz” que ocultaba la aprobación de perseguir y matar a los que pensaban distinto.


Grandinetti esta vez encarna al abogado del pueblo quien, con astucia, sabe manejar el entramado de intereses para sacar provecho de ellos y ejecuta en connivencia con la clase acomodada que le brinda oportunidad de negocios. Lo acompaña en modo convincente Andrea Frigerio como “la esposa del doctor”, quien ya había asumido un rol dramático de peso similar en El ciudadano ilustre (Duprat- Cohn, 2016).  

Hay un buen soporte en el interjuego de silencios que el director, Benjamín Naishtat (Historia del miedo, 2014) maneja con habilidad para desmontar las diversas capas con notable sutileza. Esto le da picos de tensión y solvencia al desarrollo.


La llegada del detective al pueblo es un hallazgo porque se introduce de forma casi natural y redobla la apuesta sobre la búsqueda de la verdad que tanta falta le hace al espectador ya cercado por la oscuridad que el entorno del pueblo, atrapado por el clima de época, articula en modo siniestro. Allí tenemos otro personaje complejo encarnado con rigurosidad por el chileno Alfredo Castro (La cordillera, 2017) que va a sostener las tensiones del relato que, llegado este punto, tiene ribetes de policial negro.

Vale un párrafo para el director de fotografía brasileño, Pedro Sotero (Aquarius, Mendonça Filho, 2016) quien debe iluminar las noches “pesadas”, poner filtros al desierto de planos abiertos, y sale siempre airoso. También es impecable la recreación de época respecto de mobiliario, indumentaria y la muy acertada inclusión de las publicidades de TV que nos dan un tono ajustado del clima de los setenta.


“Rojo” es de lo mejor que produjo el cine nacional en este año. Una obra de arte que nos permite reflexionar sobre un pasado que muchos vivimos y quizá nos señale el modo en que este país se sumerge en situaciones límite, las cuales traen costos altísimos para la convivencia y la libertad;  esos costos que, en modo inevitable, y repitiendo errores sucesivos, seguimos pagando.


Título original: Rojo

Año: 2018

País: Argentina

Dirección: Benjamín Naishtat 

Guión: Benjamín Naishtat

Música: Vincent van Warmerdam

Fotografía: Pedro Sotero

Reparto: Darío Grandinetti, Andrea Frigerio, Alfredo Castro, Diego Cremonesi

Género: Thriller, drama

Duración: 109 min.

Idioma: Castellano

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