Críticas

Somos una familia

EL ESPACIO PARA LOS LAZOS AFECTIVOS

 por Sergio Ariel Montanari
 

El cine japonés ofrece la primera perla del año, con una profundidad  y un arte que serán difíciles de superar por otra película, en la misma  temática.  
Llegó a nuestras salas la última ganadora de Cannes: “Somos una  familia”, con un título en español, en esta ocasión, mucho más ajustado  que la decisión anglosajona de distribuirla como Shoplifters o “ladrones  de mercados”, ya que la decisión de robar alguna mercadería es lateral  en la película y atinente sólo a algunos de los personajes.  
Hirokazu Kore-eda (cuyo guión intermedio de las “e”, occidente  anula, sin escrúpulos) ha venido insistiendo en la problemática de los  lazos familiares y sobre todo de los niños desamparados (De tal padre,  tal hijo, 2013).  
 

En este caso, pone en el centro de la atención el debate sobre cómo  se constituye una familia. A la manera de Antígona, aquella obra griega  de Sófocles que enfrentaba el derecho civil al derecho familiar, aquí  hay una clara pregunta sobre dónde está el derecho a establecer una  familia. ¿Los lazos de sangre alcanzan? ¿Cómo se define, en el alma de  cada individuo, el sentido de pertenencia familiar?
Con un cine desprovisto de concesiones y sin golpes bajos, Kore-eda  muestra una familia cuyos vínculos están definidos, por sobre todo, por  el afecto. Una abuela de clase baja japonesa (magistral, Kirin Kiki)  como referente, y dos nietas, una de las cuales tiene una relación con  un hombre que vive con ellas y un niño que crían en común. Luego,  sobrevendrá la integración de una niña de 5 años del propio barrio,  abandonada por sus padres por largas horas. Los lazos sanguíneos no se  explican demasiado, a priori, porque la esencia del filme es mostrar  cómo ese grupo de personas, que comparte una modesta vivienda, se  ensambla y fortalece en pos de un cuidado mutuo. Ahora bien, el filme  nos interpela ¿es esta familia “disfuncional”? Si la respuesta se busca  por el lado del afecto, claramente no lo es. ¿Hay una respuesta mejor?
 

La pobreza lleva al único hombre adulto a robar raciones de  alimentos o pequeños objetos con la ayuda del niño; luego, la pequeña  Yuri se integrará al grupo. Todo el entramado familiar penderá de un  hilo, en función de estos delitos comunes. Y nos mostrará otro Japón:  aquél donde el capitalismo ha dejado su huella de pobreza y las  autoridades, atenidas a la ley civil, condenarán de manera irreversible,  sin tiempo ni espacio a la comprensión y el resarcimiento.  
A los cinéfilos los atrapará la impecable realización, con una  disposición de la cámara que aglutinará las miradas, en esa casa  ajustada a la vida de 6 personas, la música incidental precisa, los  colores cuidados de la fotografía. Párrafo aparte para la dirección  actoral de los niños, cuyos roles serán inolvidables.
 

A todo el público le dejará flotando la pregunta sobre cómo se puede  vivir así; o bien, cómo se puede vivir de otro modo en las  circunstancias que el devenir inexorable de la historia traerá.
El director dijo ante la prensa internacional: “No me gusta que mi  cine sea concesivo, demagógico ni tranquilizador, sino que genere cierta  incomodidad y un debate lo más amplio posible". Vaya si lo logró.  
 

Ficha:
Título original: Manbiki kazoku
en Argentina: Somos una familia
en EEUU: Shoplifters
Año: 2018
Duración: 121 min.
País: Japón
Dirección: Hirokazu Kore-eda  
Guión: Hirokazu Kore-eda
Música: Haruomi Hosono
Fotografía: Ryûto Kondô
Reparto: Kirin Kiki, Sôsuke Ikematsu, Lily Franky, Moemi Katayama, Sakura Ando, Mayu Matsuoka  
Productora: AOI Promotion / Fuji TV / Gaga Communications Inc
Género: Drama, pobreza, Familia  
 

Premios 2018:
Premios Oscar: Nominada a mejor película de habla no inglesa
Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película)
Globos de Oro: Nominada a mejor película de habla no inglesa
Premios BAFTA: Nominada a Mejor película en habla no inglesa
Asociación de críticos de Los Angeles: Mejor film extranjero (ex aequo)
National Board of Review (NBR): Mejores películas extranjeras del año
Critics Choice Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa
Premios Independent Spirit: Nominada a mejor película extranjera
Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a Mejor película extranjera
British Independent Film Awards (BIFA): Nominada a Mejor film internacional
Premios César: Nominada a Mejor película extranjera
Satellite Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa 

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Destrucción

UNA MUJER EMPUÑANDO SU VIDA AL EXTREMO

por Sergio Ariel Montanari


La directora estadounidense Karyn Kusama (La invitación, 2015) tuvo en sus manos un guión clásico de thriller y supo cómo contarlo para que nos siga seduciendo este género con múltiples propuestas: sabe mantener el suspenso y conoce, al modo de los experimentados, las fórmulas para cambiar el modo de contarlo y que esas herramientas  coadyuven a definir la esencia de la historia.


En esta ocasión, el rol protagónico de Nicole Kidman es decisivo. La australiana vuelve a despojarse de su propio rostro (con una caracterización que lleva al “maquillaje” directo a los grandes premios) y esa transformación violenta es una empuñadora eficaz para que todos los lances salgan con precisión. Kusama tiene ascendencia japonesa y el modo de sacrificar una vida en pos de un objetivo central no le resulta ajeno. Por el contrario, sabe cómo desarrollarlo al extremo. Por eso la agente Erin Bell (Kidman) será una mujer decidida y valiente desde su interior, pero de aspecto mórbido y cansancio evidente en todo su rostro, conforme la vida le ha pasado factura de sus decisivos errores de juventud.


La historia es clásica: una mujer policía que debe retomar un caso que la tuvo como protagonista en el pasado; entonces cae en la pendiente de tener que revisar su propia vida y un hecho doloroso que la marcó para siempre. Esa pendiente no preanuncia un final feliz; cómo salir de ese atolladero será el misterio que mantendrá la tensión de la historia. Los flashbacks a los 80 muestran aciertos de locación, el buen rock de la época y la belleza esplendorosa de Kidman.


“Este caso es sólo mío, no te necesito”, le dice a su compañero del FBI y desde allí emprende el camino de una reconstrucción que al público de suspenso tanto le gusta: la justicia por mano propia. Este camino es tan seductor como ideológicamente peligroso, siempre es necesario decirlo. Por un lado, genera una identificación inmediata con la heroína que decide jugar su pellejo para poner las cosas en orden; por otro, propende a esa cultura individualista que tan bien encarnan y difunden los países centrales, y tanto daño nos hace a quiénes dependemos de ellos, en pos de buscar una vida de acuerdos colectivos y justicia independiente para todos.


En paralelo está la historia sentimental de la agente, cuya vida entregada al deber no le ha dejado tiempo para cuidar de su hija, ahora adolescente, quien le preocupa de modo especial y para quien no encuentra espacio de diálogo ni acuerdos. Estas desavenencias están bien explotadas por la mirada de la realizadora y es justo decir que la zaga paralela que juega la carta familiar, esta vez, está bien encastrada en la maqueta central, de modo de no generar un peso inconducente en la balanza de la historia.  Por el contrario, los contrapuntos con la hija están bien escritos y tienen un peso específico logrado.


Nicole Kidman brilla en esta película, dando el tono adecuado tanto a los momentos de acción como a los de esa desazón tan propia de quien se ha equivocado demasiado en la vida y lo reconoce. Y el desenlace de la historia es otra carta bien jugada. Interesante propuesta para los amantes del suspenso.

 

Ficha:

Título original: Destroyer

Dirección: Karyn Kusama

Producción: Fred Berger, Phil Hay; Matt Manfredi

Guion: Phil Hay, Matt Manfredi

Música: Theodore Shapiro

Fotografía: Julie Kirkwood

Montaje: Plummy Tucker

Protagonistas: Nicole Kidman, Sebastian Stan, Toby Kebbell, Tatiana Maslany, Bradley Whitford, Jade Pettyjohn, Scoot McNairy

Ver todos los créditos (IMDb)

Datos y cifras

País: Estados Unidos

Año: 2018

Estreno: 25 de diciembre de 2018 (EEUU)

Género: Cine policíaco y drama

Duración: 123 minutos

Idioma: Inglés

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La boya

POESÍA Y AMISTAD DE CARA AL MAR

por Sergio Ariel Montanari


Con criterio acertado, cine El Cairo repuso la última película de Fernando Spiner que se estrenó en noviembre pasado en medio de la vorágine de “tanques” americanos que ocuparon la mayor parte de las pantallas argentinas.

Spiner compuso esta vez, con trazo firme y decidido, un documental con definida impronta autobiográfica para desandar un camino propio en la ciudad de su infancia y adolescencia: Villa Gesell.


El realizador, que desde joven partió a Roma a estudiar cine, agrega sólo algunos elementos de ficción, utilizados con criterio correcto a fin de mantener la tensión de la historia y mejorar la comprensión narrativa, pero esto no va en desmedro de un guión poderoso basado en dos aspectos que suelen aportar carnadura a las películas: el arte y la amistad.

Entonces, sin ningún pudor de ingresar en el territorio íntimo, el documental va en busca de uno de sus mejores amigos que sí permaneció en Gesell y “tuvo la vida” que el mismo realizador dejó, a fin de sumar conocimiento en su experiencia europea.


La Boya transita una geografía conocida por los argentinos pero nos descubre la mirada de la gente del lugar; se propone mostrar, de modo cercano, cómo es la vida de ellos a través de las diferentes estaciones del año que proveen coloratura y ritmo diferente a la ciudad. Y sobre todo, como buen documental, se dispone a escuchar a la gente; he ahí un mérito. Esa misma gente que lo va a acercar a la propia historia afectiva, con centro en su padre Lito, un inmigrante ucraniano que murió, pero dejó un legado que el mismo realizador está dispuesto a conjurar.


Es indudable que el oficio como director televisivo le da a Spiner la capacidad de obtener los planos más adecuados, donde luz, ángulos y sonido le aportan riqueza a las escenas —párrafo aparte para la excelente cámara subacuática que acompaña a los protagonistas dentro del mar—. Y también conocemos, desde su magnífica “Aballay, el hombre sin miedo”, aquel western nacional de 2010, que el director es un hombre de cine, minucioso para desarrollar sus guiones y llevarlos a buen puerto. 


Hay en el centro de la trama esa íntima historia que deviene de su padre inmigrante, pero el filme no se apresura a develarla; más bien transita con respetuoso sigilo los pasos que la conducen a su potencia original, como todo legado de un padre. 


Spiner se coloca como personaje pero no interviene en exceso; sólo acompañará la vida del amigo poeta quien asume un rol de puente, como necesario oferente para pulsar aquellas cuerdas que el amigo no escuchó en un tiempo de distancias. Quizá ése sea el mérito principal de la película: acompañar al espectador en desentrañar la potente historia central y en conocer la vida de esa comunidad, a veces tan expuesta y otras, sigilosa y recatada. Todos estos atributos hacen de “La boya” una película querible. Y que la propuesta provenga del cine argentino, se agradece. 


Ficha:

Título: La boya 

Año: 2018

Duración: 90 min.

País: Argentina

Dirección: Fernando Spiner 

Guión: Pablo De Santis, Aníbal Zaldivar, Fernando Spiner

Música: Natalia Spiner Wyrouboff

Fotografía: Claudio Beiza

Reparto: Anibal Zaldivar, Ricardo Roux, Pablo Mainetti, Juan Forn, Guillermo Sacommanno 

Productora: Boya Films

Género: Documental, Amistad 

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La mula

EL MAESTRO VUELVE A DAR CÁTEDRA

por Sergio Ariel Montanari 


En la década del 80, uno de mis mejores amigos, de cuya lealtad aún todos nos beneficiamos, era capaz de dejarnos plantados por más de una hora, si en la televisión no había terminado una de las películas de “Harry el Sucio”, protagonizada por Clint Eastwood. ¿Cómo no perdonarlo?

Este mismo gran actor, como director también ha construido una obra monumental (Sin perdón, 1992; Million dólar baby, 2004; Cartas de Iwo Jima, 2006) y de él uno espera siempre lo mejor, como sucede con los verdaderos talentos del cine.

Advertimos al lector, pues,  que somos “hinchas” de Eastwood desde siempre y haremos un esfuerzo por llevar la crítica al rigor profesional que se merece.


Eastwood vuelve con “La mula” sobre una historia real, como lo hizo con “J Edgar” o “American Snipers”, siempre con la clara idea de retratar con precisión a un personaje en que la sociedad estadounidense debiera reparar y no lo ha hecho de modo suficiente. En este caso, el anciano cuya vida de horticultor fracasado lo conduce al complejo destino de traficante de drogas que el título sugiere. Y él mismo le pone el cuerpo al rol protagónico. El personaje de Eastwood se llama “Earl Stone” en un guiño al músico Charles Earland quien interpreta “More today than yesterday” el leiv motiv country de las “entregas”, cuyo estribillo mejora las escenas sobre la monotonía del camino.


Como Eastwood se ha dado todos los gustos, actuar y dirigir al mismo tiempo o por separado, componer música para sus películas, producir y financiar proyectos para otros, podría ser complejo definirlo con pocas palabras: sin embargo, se nos ocurre una primera síntesis: sabe hacer cine. Sus guiones son nítidos, sus actores entienden de modo cabal el tono de la obra, sus planos connotan lo que hay que decir.

Admiramos en Eastwood el “tempo cinematográfico”: sus elipsis, de por sí, son una cátedra de montaje para cualquiera que esté estudiando cómo manejar la narración en el cine. Aquí destaca la escena en que debe decidir entre entregar un cargamento de drogas o asistir al lecho agonizante de su última esposa (convincente Diane Wiest, como en las películas de Woody Allen).


Eastwood trabaja con precisión la escena y sabe cerrar secuencias. Para los cinéfilos, puede carecer de sorpresas; confía, como es habitual, en la potencia de la historia que tiene entre manos —su guionista Nick Schenk es el mismo de “Gran Torino”—. Podremos disentir con los modos propios del hombre duro, con su crítica abierta a la Internet o con su eterna reivindicación a los veteranos de guerra. Pero también seducen sus mañas, su gusto por la buena música y la vindicada pausa en el ajetreo del trabajo.

Para la afición, no faltan el paisaje texano ni los mexicanos hablando en español, compartiendo el negocio de los cárteles de droga, ni la clara crítica a las tácticas de la DEA para desactivarlos. Ni tampoco el elenco de lujo con Bradley Cooper, Michael Peña, Andy García y la mencionada Diane Wiest. Alison Eastwood es su hija haciendo de “la hija” —otro gustito de realizador—.  Hay un buen trabajo del argentino Ignacio Serricchio, cuyo rol de “cuidador” del viejo le depara varias escenas con el protagonista. También tendremos un final predecible donde la ética del personaje, como es de esperar, será subrayada. No se trata de la mejor película del maestro; no obstante, como siempre, sus lecciones nos dejan satisfechos.


Ficha:

Título original: The Mule

Dirección: Clint Eastwood

Producción: Clint Eastwood, Tim Moore, Kristina Rivera, Jessica Meier, Dan Friedkin, Bradley Thomas

Guión: Nick Schenk

Música: Arturo Sandoval

Fotografía: Yves Bélanger

Montaje: Joel Cox

Protagonistas: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Taissa Farmiga, Michael Peña, Alison Eastwood, Dianne Wiest, Laurence Fishburne, Robert LaSardo

País: Estados Unidos

Año: 2018

Estreno: 14 de diciembre de 2018

Género: Policial

Idioma: Inglés

Productoras: Imperative Entertainment, Bron Creative, Malpaso Productions

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Roma

LA DIGNIDAD DE ASISTIR Y RESISTIR

por Sergio Ariel Montanari 


Alfonso Cuarón, director mexicano ganador del Oscar (Gravedad, 2013), nos regala una de las últimas grandes películas del año, basada en la correcta elección de un personaje para contar una historia: esa persona que algunos llaman ama de llaves, otros “aya”, o simplemente “la chica que ayuda en la casa”. Es una precisa recreación de una típica familia burguesa que, en este caso, tiene dos asistentes; aquí el realizador decidió poner el ojo en una de aquellas mujeres de clase trabajadora que se encarga de todo: abrir el portón para que ingrese el auto, levantar a los chicos para ir a la escuela, hacer la comida, lavar la ropa, los platos, los pisos… Justamente la película empieza con la habitual baldeada de un patio, cuya morosa reiteración nos interpela desde el inicio sobre el silencioso sacrificio de la clase doméstica.


Entonces, en un acierto del lenguaje, la cámara siempre acompaña a Cleo (notable Yalitza Aparicio) en su impostergable rutina de cumplir con las tareas domésticas para ayudar a una “señora” con 4 hijos que pronto será abandonada por su marido, lo cual acentuará las cargas sobre el personal asistente de la casa.

Ambientada en los inicios de los años 70, la película, en un justificado blanco y negro, trabaja con altura el tema de las diferencias sociales, encuentra en el pueblo mixteco (indígenas de montaña) las respuestas para aquellos patrones que empleaban sirvientes y no se priva de atravesar también por la tremenda represión paramilitar sobre una protesta estudiantil conocida como la “masacre de Corpus Christi” producida el 10 de junio de 1971, menos famosa, en general, que la de Tlatelolco (1968) pero tan cruenta como aquella.


El barrio “Colonia Roma” del distrito federal le da nombre al film, pero también podemos deducir una clara metáfora en la necesidad de expresar todas aquellas diferencias que se sostenían en el gran imperio romano de Occidente, con la impiedad de naturalizar la costumbre de poseer sirvientes y considerarlos “parte del paisaje”.

Cuarón contó que este guión lo pensó a partir de su propia historia, cuando se dio cuenta de que la mujer que lo levantaba cada mañana, le hacía la comida y lo contenía “también tenía sus necesidades, sus ilusiones y sus dolores”. De hecho, la película está dedicada a ella.

Hay dos escenas destinadas a permanecer en la memoria colectiva del cinéfilo: el parto de Cleo con las dificultades inherentes a las de una mujer sola, abandonada y descuidada; y la notable escena del mar, hacia el final, uno de cuyos fotogramas fue elegido para presentar como afiche de la película, lo cual juzgamos un acierto.


Este retrato único y esclarecedor de las diferencias de clase podrá ser objetado desde el punto de vista de la extensión, pero no olvidemos que contar todo, absolutamente todo lo posible en una sola obra, es parte de la idiosincrasia del arte del pueblo mexicano. Y no perder de vista la problemática de la tierra propia es una virtud que este espacio celebra y aplaude.


Ficha:

Título original: Roma 

Dirección: Alfonso Cuarón 

Guión: Alfonso Cuarón

Fotografía: Alfonso Cuarón, Galo Olivares (B&W)

Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Daniela Demesa, Nancy García García, Verónica García, Latin Lover, Enoc Leaño, Clementina Guadarrama, Andy Cortés, Fernando Grediaga, Jorge Antonio Guerrero 

Productora: Participant Media / Esperanto Filmoj

Distribuida por: Netflix

Año: 2018

Duración: 135 min.

País: México

Género: Drama, Años 70, Familia 


Premios 2018:

Festival de Venecia: León de Oro (Mejor película)

Globos de Oro: Nominada a Mejor director, guion y película extranjera

Festival de Toronto: 2ª finalista - Mejor película

Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película, director y fotografía

Asociación de críticos de Los Angeles: Mejor película y fotografía

National Board of Review (NBR): Mejores 10 películas del año

American Film Institute (AFI): Premio Especial AFI

Critics Choice Awards: 8 nominaciones incluyendo mejor película

Premios Independent Spirit: Nominada a Mejor película extranjera

Asociación de Críticos de Chicago: 5 premios, incl. Mejor película. 9 nom.

British Independent Film Awards: Mejor película internacional

Premios Gotham: Nominada a Mejor intérprete revelación (Aparicio)

Satellite Awards: 8 nom inc. Mejor película extranjera, director y actriz

Premios Goya: Nominada a Mejor película iberoamericana


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Colette: liberación y deseo

LA MUJER QUE ESCRIBIÓ SU DESTINO

por Sergio Ariel Montanari 


En la diversidad de películas biográficas, suele irse por un camino sinuoso que contempla la siempre desbordante realidad ocurrida y las supuestas “necesidades” del público de pasar un momento agradable en el cine. Por fortuna, el director Wash Westmoreland (Siempre Alice, 2014) optó por atenerse a la potente evidencia de los hechos que hicieron de Colette no sólo una de las mejores escritoras francesas, sino también un personaje ineludible a la hora de hablar de liberación femenina.


Hay dos modos iniciales de conocer la vida de Colette: entender de literatura, o recordar que Vincente Minelli filmó “Gigí” con Leslie Caron en el rol protagónico, sobre un libro de ella; ciertamente, ese paso por la meca estadounidense le dio la fama definitiva a una mujer que hizo de su vida una daga para perforar prejuicios de época.


La película trabaja con trazos adecuados tres tópicos para ir construyendo la densidad de este personaje: el primer amor de la protagonista, Willy, un escritor y crítico musical, quien la seduce en su pueblo natal y la lleva a París (convincente Dominic West); el choque de la provinciana con la gran escena cultural parisina y el inicio de su tarea de escritora para su marido (fue una de las primeras “escritoras fantasma”, en sentido clásico: aquellos que redactan obras que luego serán firmadas por otro); la liberación individual y sexual de la protagonista.


Hay que darle crédito a Keira Knightley, quien ya conoce la tarea de construir mujeres de época (Ana Karenina, Orgullo y prejuicio), por su evidente crecimiento como actriz, acertando en la diversidad de tonos que la eventual madurez de la protagonista va asumiendo en los diversos momentos de la historia. Cabe aquí una precisión: la película tiene los modos clásicos; es decir, narración, construcción de planos y descripción artística abonan a un cine tradicional a la inglesa —de hecho, director, guionistas y protagonistas lo son—. En eso puede objetarse cierta morosidad en la resolución de las historias; no obstante, debemos atender que el clima de época, desde finales del siglo XIX en adelante, no permitía cambios sociales drásticos, al menos en la percepción que las grandes masas tenían. En ese sentido la película acierta.


Porque es Colette con su propio cuerpo, nunca mejor marcado, quien debe decidir si permanecer al lado de un hombre que llega a explotarla, pero en principio ha amado sin dudas; para luego ir rompiendo moldes en busca de su propia identidad, todo lo cual fue audaz, riesgoso y con ribetes de escándalo. Y esto la película lo muestra de modo cabal.

La decisión de un escritor fantasma de publicar con nombre propio, ¡y nombre de mujer! era extraño para la época; la definición sobre estudiar teatro y danza en medio de un matrimonio constituido en la centralidad de los “usos y costumbres”, y el hecho de asumir su bisexualidad sin concesiones hicieron de Colette una mujer única y referencial. El guión decide apuntalar esos aspectos y mostrarlos con natural fluidez, despojado de prejuicios. Enhorabuena. 


Ficha:

Título original: Colette 

Dirección: Wash Westmoreland 

Guión: Richard Glatzer, Wash Westmoreland, Rebecca Lenkiewicz

Música: Thomas Adès

Fotografía: Giles Nuttgens

Montaje: Lucia Zucchetti

Reparto: Keira Knightley, Dominic West, Denise Gough, Fiona Shaw, Robert Pugh, Rebecca Root, Eleanor Tomlinson, Aiysha Hart 

Producción: Elizabeth Karlsen, Pamela Koffler, Michel Litvak, Christine Vachon

País: EEUU, UK, Hungría

Estreno: 20 de enero de 2018 (Sundance)

Idioma: Inglés

Año: 2018

Duración: 112 min.

Género: Drama, biográfico, literatura, feminismo


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